Capítulo 2: Atrapados en las Sombras

Capítulo 2: Atrapados en las Sombras

El T.C. James y su valiente escuadrón se adentraron en las calles desoladas de Berlín. El suspenso llenaba el aire mientras avanzaban entre los escombros y los vestigios de un pasado que se desmoronaba. Cada paso que daban resonaba como un eco en el silencio sepulcral de la ciudad.

La noche caía sobre Berlín, envolviendo la ciudad en una oscuridad ominosa. La única luz provenía de las débiles llamas que ardían en los edificios en ruinas. El T.C. James sabía que debían ser cautelosos, pues el enemigo podía acechar en cada rincón, oculto entre las sombras.

El viento soplaba gélido, llevando consigo el eco de voces lejanas y el susurro de la historia. El escuadrón avanzaba en silencio, con sus cuchillos desenvainados y listos para la acción. Cada uno de los soldados sentía la carga de la responsabilidad sobre sus hombros, conscientes de que estaban en una misión que cambiaría el curso de la guerra.

Las calles estaban desiertas, pero no podían dejarse engañar por la aparente tranquilidad. Sabían que el enemigo podía estar escondido en los edificios derruidos, esperando el momento oportuno para atacar. Con cada paso, el T.C. James evaluaba el entorno, buscando cualquier indicio de peligro.

De repente, un ruido resonó en la distancia. Era un grito, seguido de disparos y el sonido de botas golpeando el pavimento. El escuadrón se detuvo en seco, alerta y listo para el combate. El T.C. James dio una señal con la mano y el escuadrón se dispersó, buscando cobertura entre los escombros.

Desde su escondite, el T.C. James observó a un grupo de soldados enemigos avanzando por la calle. La adrenalina corría por sus venas mientras trazaba mentalmente un plan de acción. Sabía que debían neutralizar al enemigo sin llamar demasiado la atención.

Con un gesto de su mano, el T.C. James indicó a sus hombres el momento preciso para actuar. Uno a uno, los soldados se abalanzaron sobre los enemigos, silenciosos como sombras. Sus cuchillos cortaban el aire con precisión, encontrando su objetivo con letalidad.

La batalla en las sombras se desarrolló con rapidez y ferocidad. Los soldados enemigos luchaban con desesperación, pero estaban superados en número y habilidad. El T.C. James lideraba la carga, su cuchillo se movía con destreza y maestría, dejando a su paso un rastro de derrota.

Finalmente, la calle quedó en silencio. Los enemigos yacían en el suelo, derrotados. El escuadrón se reagrupó, respirando agitadamente pero satisfechos por la victoria. El T.C. James miró a sus hombres con orgullo y gratitud, consciente de que juntos eran imparables.

Sin embargo, sabían que esta era solo una pequeña batalla en el gran escenario de la guerra. Aún tenían un largo camino por recorrer y muchos desafíos por enfrentar. Con renovada determinación, el T.C. James y su escuadrón se adentraron nuevamente en las sombras de Berlín, dispuestos a escribir su propio destino.

Continuará…

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